Más allá del abrazo
¿Qué nos viene a la mente cuando escuchamos la palabra “encuentro”?
Probablemente pienses en un estadio lleno de gente celebrando un gol, un concierto de tu banda favorita o una quedada con amigos para cenar en el centro. Todos estos eventos tienen algo en común: necesitan un estímulo externo (la música, el partido, la comida) y persiguen un objetivo o una misión específica.
Pero, ¿qué pasa cuando nos reunimos sin necesidad de una excusa externa?
En Biodanza, la idea de encuentro es completamente distinta. No nace de lo que ocurre afuera, sino de lo que late en nuestro interior.

Un abrazo que viene de nuestros ancestros
Proponemos un reencuentro con nuestras raíces más profundas. Se trata de despertar ese instinto gregarìo ancestral que nos enseñó a unirnos en tribu para protegernos, cuidarnos y sobrevivir.
Sin embargo, el viaje no se queda ahí. Vamos a dar un paso más allá del cuidado del grupo cercano: el objetivo es la aceptación y protección de la especie y de la vida misma. A esto lo llamamos, con todas sus letras, amar la vida.
Mirar a los ojos, abrazarse sin juicios
El encuentro en Biodanza se vuelve trascendente cuando se encarna en un abrazo real. Un abrazo que involucra todo nuestro cuerpo, sin fisuras, sin dudas y sin juicios, aceptando con sencillez lo verdadero.

En ese instante sagrado:
- No existen razas ni colores.
- No existen ideologías.
- Las fronteras humanas se desdibujan hasta convertirse en lo que verdaderamente son: solo una línea trazada en un papel viejo y mojado.
Es la magia de dos seres humanos que simplemente se encuentran, se aceptan y se reconocen tal como son.
Recordar quiénes somos antes de que sea tarde
La naturaleza nos ha demostrado durante milenios su inmensa capacidad de adaptación y ritmo para sostener la vida. El planeta que habitamos no nos pertenece. A estas alturas de la historia ya deberíamos haberlo comprendido: no somos sus dueños, solo se nos ha concedido el privilegio de vivir en él.
Si no somos capaces de reconocer nuestra propia vulnerabilidad y de reconocernos entre nosotros como una sola especie, corremos el riesgo de comportarnos como una especie invasora orientada a su propia extinción.
Abrazarnos, cuidarnos y reconocernos no es solo una experiencia hermosa; es nuestro camino de regreso a casa.
¿Hace cuánto tiempo no vives un encuentro verdadero y sin pre-juicios? Te leemos en los comentarios.
Si te ha interesado este tema no dejes pasar la oportunidad.
Nos va a encantar conocerte.
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